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Lizandro Coca Olmos, 2-Jun-2010
El Alcalde Municipal, Edwin Castellanos, parece haber encontrado el justificativo perfecto para llevar adelante una mala gestión: el no tener la directiva del Concejo en sus manos. "No han tenido una lectura correcta de lo que quiere Cochabamba. La ciudadanía quería que tengamos la gobernabilidad, que sea una gestión fluida, sin obstáculos, y esto es una manera de poner una piedra en el zapato, iniciando la gestión teniendo al Concejo en contra" dijo..
Y es que los políticos del MAS parecen haberse acostumbrado a contar necesariamente con el poder total, para dejar de lado el lloriqueo. No les basta con ganar una alcaldía o una gobernación, también deben tener las mayorías y las directivas de las instancias legislativas, de otra forma se dedican a lloriquear. Y para conseguir esas mayorías, se ha visto y se ve, están dispuestos a cualquier cosa, incluso a mofarse del voto del pueblo, nos pasó con los asambleístas departamentales, y les sucedió ayer a los ciudadanos de Quillacollo con Héctor Cartagena.
Nos preguntamos: ¿para qué quieren los políticos masistas el poder total? Ciertamente no para hacer gestión, solucionando los problemas de la gente. El ex prefecto de Cochabamba, Jorge Ledezma tenía, en los hechos, el poder total, sin asambleas departamentales legislando y fiscalizando, al igual que Chaly Terceros tenía una mayoría en el Concejo, tan caninamente leal, que nunca se le hizo la censura constructiva a pesar de sus procesos legales por corrupción, y sin embargo, ninguna de las dos autoridades fueron exactamente un ejemplo de gestión pública. Entonces, la desesperación por tener mayorías y directivas no se explica por el deseo de "trabajar por Cochabamba", que más bien es puro discurso demagógico, sino por el afán de acaparamiento de poder y de posiciones donde acomodar a los militantes, amigos, parientes y amantes.
Dicho sea de paso, si Edwin Castellanos quería la directiva del Concejo para su partido, debería haber invertido más tiempo y esfuerzo en ello, en lugar de andar de giras musicales por todos lados.
Creo que Julio César Baldivieso está a prueba ante el pueblo cochabambino, igual que todos los que hemos incursionado recientemente en la política, y mucho dependerá de sus hechos, para que se constituya en un líder regional o desaparezca como muchos otros cuya fugaz carrera terminó en el despeñadero.
Con lo poco que he visto, creo que Baldivieso se está esforzando por hacer las cosas bien, y lo noté desde ese debate que tuvo en la Red UNO con Ninoska Lazarte y David Herrada. Mientras que Herrada no hacía más que repetir las consignas baratas de su partido, hablando mal de la supuesta derecha y mencionando ideas sueltas de los problemas del municipio, y mientras que Ninoska hablaba de la bondad, el amor, la buena voluntad, y los besos y abrazos que necesitamos los cochabambinos, Baldivieso era el único que mostraba haberse preparado y, por lo tanto, tener algún conocimiento de la legislación y la dinámica municipal. Julio será un profesional del deporte, pero parece no conformarse con vendernos drama, lágrimas, conmiseración o guerra. Hasta el momento demuestra que pretende ser un político que habla de asuntos serios, con fundamento y pertinencia.
Respecto de esto, de Castellanos ni hablemos, pues si no conoce el organigrama del Concejo ni de la Alcaldía, mucho menos va a tener alguna pista de procedimientos legislativos o administrativos. No tiene la más peregrina idea de dónde se ha metido. Para él, ser amigo y contar con la bendición del hermano Presidente ya es suficiente, y eso le da derecho a la silla edilicia, a la mayoría en el Concejo y a la presidencia de la directiva. Es como el hijo opa del millonario, que se dedicó a cantante, pero que de todos modos va a heredar las grandes empresas del padre, aunque después las vaya a mandar a la quiebra.